Clamemos por la justicia social e igualitaria

En México se perpetran muchísimos asesinatos. Tantos que duele el corazón, tantos que es perversa la indiferencia que se tiene y un hecho que ha herido a todos los estratos sociales.

Asesinan a periodistas, reporteros, amas de casa, estudiantes, menores de edad y un largo etcétera.

No debería ser necesario aclarar que hay términos que utilizo que incluyen a hombres y mujeres por igual. Pero dada la práctica demagógica para hacer distinciones como puede ser: «mujeres y hombres», «niños y niñas», «ancianos y ancianas» y así hasta el hartazgo; necesito puntualizar que yo considero a todos los humanos como iguales, con el mismo derecho a la vida, al sustento, a casa y vestido, etcétera.

El español no es misógino ni discrimina. Discriminan las personas, son misóginas las personas. El idioma fue pensado para tener una economía tal que permita decir más con menos. El usar el cansino «ellos y ellas» en todo parecería inclusivo, pero yo creo que en realidad es divisorio. Nos hace pensar siempre en que estamos separados. Igual me equivoco, pero reflexiona en ello con calma y no por contestarme sino por encontrar que piensas en verdad de ello sin tomar en cuenta lo que te han contado o lo que te han inculcado.

Cuando hablamos de muertos y de muertas cualquiera podría presentar datos duros como estos:

Muertos en MéxicoCon esta información podemos conversar mucho y sacar varias conclusiones, pero los datos son contundentes, fríos, secos y serios, no tienen maquillaje ni interpretación más que la que nosotros le damos.

Hoy mueren muchas más mujeres, pero también muchos más hombres.

Es legítimo que cada quien o cada grupo promueva sus movimientos y luche por su lado, cada quien desde su trinchera.

Pero dadas estas cifras, ¿no sería más prudente luchar todos juntos por el hecho de ser humanos?

Personas de cualquier género sufren estos asesinatos: masculino, femenino, no binario y los que se inventen.

¿De verdad debemos separarnos y marchar y exigir cada quien por su parte?

Siempre dicen que somos más los buenos. Pero los buenos estamos divididos, luchando entre nosotros, peleando por opiniones o por ver quien sufre más violencia o qué sexo es más asesinado.

Matan a muchísimas personas que pueden englobarse en lo que llaman «comunidad LGBT». ¿También ellos deben luchar solos por su lado solo porque algunos no aceptan lo que son? ¿No son seres humanos?

¿Hombres y mujeres no son seres humanos por igual?

Si, tenemos matices. Hay homosexuales, asexuales, pansexuales, bisexuales y cualquier otra preferencia que exista. Existen personas trabajadoras, huevonas, que no tienen empleo, que están hartos de su empleo. Muchos con grandes salarios, salarios moderados, salarios bajos, salarios deplorables.

Como seres pensantes podemos ponerle etiquetas a lo que queramos y cuanto queramos y como queramos. ¿Pero eso es sano cuando se lucha por que no maten más seres humanos?

¿Si violan o asesinan a alguien importa cuál es su sexo o su género o sus preferencias? ¿De verdad vamos a seguir sin darnos cuenta que nos quieren divididos y divididos estamos?

Dice el dicho: «Divide y vencerás». Y adivina quienes vencen: Los que tienen el poder.

El único fin del poder es el poder y no lo van a compartir. Quienes lo tienen ni te van a hacer el favor de luchar por ti ni escucharte si no se ven presionados a hacerlo.

¿Cómo es más fácil que te hagan caso si llegan 10,000 o incluso 100,000 en una marcha o si el pueblo entero sale a las calles y les exige que se haga algo y se haga ya?

Recordemos que el feminismo exige igualdad, no odiar a otros solo porque tienen un pene.

Tengamos en mente que las mujeres solas pueden luchar, pero serán más fuertes si permiten que los hombres luchen a su lado. Sumando ganas, restando pierdes.

Clamemos por justicia para todos sin excepción. Pidamos justicia social ¡ya!

 

 

 

 

El cáncer y yo

A menudo escuchamos la palabra cáncer al enterarnos que tal amistad, celebridad o vecino lo padece.

Pero cuando esto toca a alguien que amas o a ti mismo, la situación cambia. Todo se mira y se siente muy sombrío.

Cáncer. Esa es una palabra muy fuerte que puede hace que el más valiente sienta temblar sus piernas.

En un inicio fui al doctor por una revisión en apariencia sencilla por unas molestias muy leves que tenía, pero que no quería descuidar.

Fue allí cuando creí que me dirían, «¡Ey, no te creas. Es una broma»!

Me dijo que podría tener cáncer o desarrollarlo y bueno, tenía la opción de operarme, aunque en ese momento no era necesario si unos estudios llamados marcadores tumorales (te sacan sangre para ello), daban negativo.

Gracias a que no fui solo no me derrumbé en el acto, acudí con quien era mi pareja en ese momento. Salí de la clínica desconcertado, con miedo, con muchas más preguntas que respuestas. Con el clásico: «¿Por qué a mi?, ¿Por qué yo?».

Caminamos en silencio hasta la farmacia con los primeros medicamentos que debía tomar. Y pensando cómo y dónde hacerme los estudios.

Está de más decir todo lo que lloré solo, lo difícil de aparentar que todo estaba bien durante las horas de trabajo y al estar con otras personas para no preocuparlas de más.

Solo de inmediato me enteré acudí a dos personas que son mis mejores amigos y bueno, necesitaba su apoyo.

Recibí en los primeros resultados buenas noticias, aunque esto no me garantizaba nada. Pues había una inflamación en donde no debía existir y podría aún desarrollar cáncer. Fueron meses muy difíciles y fue hasta que un día 24 de diciembre tenía más molestias de las que ya pudiera soportar y me fui a hacer los mismos estudios que yo ya conocía, sin pedirle opinión a mi doctor, si salía algo entonces si iría a verlo.

En efecto, se confirmaba mi mayor temor: Tenía cáncer.

Mi idea era operarme de inmediato, pero la salud pública no me atendería sino hasta que ya fuera tarde y no tenía dinero. Mi única salida era endeudarme y debería esperar al menos 11 días para poderme operar.

Hablé con mi médico y lo acordamos para un 5 de enero.

Ese fin de año fue horrible, no solo por eso, sino que además una gatita que tenía ya 11 años conmigo tenía un bulto en su cachete izquierdo que creció mientras yo también sufría lo mio y la veterinaria me confirmó que era un tumor también y que moriría. Estaba muy mal y ese 30 de diciembre tuve que llevarla a que la «durmieran», frase muy sutil para decir que la matarían por piedad. Pero era matar, morir, acabar con su vida; y yo no podría hacer nada me sintiera como me sintiera o quisiera lo que quisiera.

Llegó el día de mi operación y nuevamente tenía que estar como si nada, aceptar todo y acatar cada orden que me dieran en el hospital. Yo me moría por dentro, tenía pánico. Había estado en un quirófano si, pero nunca para que me quitaran un órgano y menos por un cáncer.

Seguí todas las recomendaciones, todas las indicaciones. Gracias a que estaba siendo excelentemente cuidado en casa por mi pareja, me sentía tranquilo, cómodo. Si con dolores, pero lo más feo ya había pasado según yo.

Luego me indicaron que debía tomar quimioterapia para asegurar que el cáncer se erradicara por completo, me sugirieron radioterapia también pero me negué.

Nuevamente acepté todo. Aunque sinceramente me había arrepentido de tomar la quimio. No digo a quien la necesite que no la tome o que yo no debí tomarla, sino que en cuanto la tomé al día siguiente me sentí envenenado, de malas, incómodo… ¡Mal!

La herida que tan bonito había estado cicatrizando se inflamó, me dolía de nuevo. Me quemaba por dentro y me ardía. Todo me sabía mal aunque no me quejaba. Los olores eran raros, como que les faltaba intensidad. En fin, muchas cosas pasaron. En el inter regresé al trabajo y fue peor, mi estado anímico se fue al piso y como yo no sé mostrarme vulnerable a priori sino agresivo, no pude evitar desquitarme con mi pareja. Hasta el día de hoy se me hizo un carácter de la chingada peor que el que tenía, porque ya tenía un carácter fuerte, pero que controlaba. Y bueno, eventualmente me quedé soltero de nuevo con todo el dolor de mi corazón. Aunque ame a esa persona tengo que hacerme a la idea que así es y no hay más.

Al día de hoy creo que no tengo cáncer. Todos los estudios de seguimiento han salido bien. Aunque me seguí atendiendo en el sector público porque sigo endeudado y algunos estudios no salieron porque no tenían los reactivos. Ya sabemos que en sector público tienen agujas y jeringas de milagro pues siempre hay problemas por corrupción, presupuesto, etcétera.

No sé si podría aguantar lo que aguanté de nuevo. Sé que fue muy leve comparado con otras personas y agradezco eso. Pero para mi en realidad no fue tan leve, solo que lo hice parecer así para todo mundo aunque por dentro yo me sintiera fatal y me estuviera muriendo de dolor o de miedo.

Esa es mi experiencia.

¿Qué ha ocurrido tras haber abandonado este blog?

¡Hola, mundo!

Este querido blog que he abandonado por tanto tiempo había sido un escape durante muchos para evadir los problemas del trabajo, las noticias horribles o simplemente el aburrimiento.

No he querido eliminarlo del todo y ahora tras haber aprendido como gestionar sitios web, migrarlos de servidor y demás; me he dado a la tarea de resucitar este sitio.

¿Por qué? Por puro gusto, porque puedo y porque si.

¿Por cuánto tiempo? No lo sé. No tengo idea ni si voy a vivir el día de mañana o qué ocurrirá en mi ciudad, en mi país, en este mundo.

¿Qué ha pasado durante todos estos, días, meses, años? Muchísimas cosas tristes, alegres, espantosas, sin trascendencia… en fin, ha pasado la vida.

Como todo mundo, tengo una historia, un compendio de imágenes mentales que me hacen ser quien soy ahora. No me siento mejor ni peor, solo diferente.

Ya iré colocando aquí algunas cosas que se me ocurran, otras que me quiero sacar de la mente, tanto buenas como malas. No sé siquiera si lo leerá alguien.

En fin. Sigo vivo… por ahora y por lo que se pueda.

silencio

Silencio versus ruido

A veces el ruido lo es todo, lo abarca todo, lo opaca todo. Tan pronto comienza el día se oye el ruido de coches, chamacos que corren a la escuela y de los padres que los apuran. Podemos sentir el ruido de los aviones, de como cimbran las ventanas, de como lastiman los oídos.

Pronto otro ruido comienza, el de las conversaciones sin sentido. Parece obligación que al estar frente a otro debemos conversar, no importa qué; puede ser la telenovela de la noche anterior o del programa de moda. A veces el parloteo se vuelve un arroyo de ideas que solo se conectan por un débil punto. El caso es hablar, relacionarnos, encontrar puntos en común.

¿Pero que pasa si nos fijamos en los lugares que visitamos? Podemos ver en la fonda, en la plaza, el café de la esquina, el súper o en el transporte que la gente habla y habla. Múltiples conversaciones que sumadas se convierten en ruido. He visto que muchos de los que conversan con otros solo buscan darse a notar, exponer su punto de vista y hacerlo valer por encima del de otros, justificando hábilmente sus puntos fuertes o simplemente mareando al interlocutor.
Somo dueños de nuestro ruido, del alboroto, ese que no nos deja pensar, que no nos deja en paz, que solo sirve para pasar el rato y del que no nos acordaremos dentro de poco probablemente.

¿Pero cuándo seremos dueños de nuestro silencio? Tan bello que es descubrir la mirada del otro y hablar sin hablar, con una mueca, un gesto, una seña. Disfrutar de la paz sin entorpecerla con palabras inútiles. ¿Podemos disfrutar de una compañía sin necesidad de hablar, sin sentirnos incómodos?

¿Quién nos ha enseñado que ha de hablarse todo el tiempo aunque no se tenga en realidad nada que decir?
El silencio siendo tan bello se le valora tan poco.

¿O tú que opinas?

pesadillas

¿Sabes lo que se siente cuando despiertas de una pesadilla?

A veces las pesadillas se sienten tan reales que te asustan, te hielan la sangre. Despiertas con ese sudor frío y sientes que todo fue tan real.

Incluso es probable que puedas despertar gritando o llorando. Si, puede desquiciar terriblemente.

¿Pero que pasa cuando esa pesadilla que sufres es real, la vives con los ojos bien abiertos y no puedes evadirla?

Hay situaciones que pueden llevarnos al límite. Una de ellas es cuando alguna persona que solía decirnos que nos amaba de pronto se convierte en la imagen del terror.

Es cierto, los seres humanos somos capaces de cosas atroces. Lo increíble es que alguien que pensábamos que era incapaz de herirnos, maldecirnos, de tan solo pensar en hacernos daño; lo haga.

La causa más común son los celos o la sensación de posesión. Cuando dejamos a alguien porque ya no amamos a esa persona puede ser el comienzo de algo terrible. Si nuestra ahora ex pareja se trata de alguien inestable, es posible que nos agreda y use lo que sea para lastimarnos.

Seguramente conoces el caso de alguien que usa incluso a sus hijos para lastimar a su ex pareja.

Las cosas pueden salirse de proporción si esa inestabilidad mental les hace imaginar o crearse historias que los habías engañado o cualquier otra cosa. Son capaces de convencerse y convencer a otros que eso ocurrió.

Recordemos que aunque hubiera sido el caso que alguien te engañó. Tú decides si te quedas con el odio, el coraje y la decepción o sigues adelante con tu vida. Claro que si eres psicópata no va a servir de mucho ninguna recomendación.

Hay muchas personas que solo le dan importancia a lo que quieren, desean o necesitan. Si estás enfrentándote a alguien así y además es inestable seguramente si tendrás una pesadilla por delante. ¿Cuántos casos no hemos visto de personas que se dedican a  «stalkear», es decir: acosar?

Lo mejor en estas situaciones varía de acuerdo a lo que ocurra en particular. Pero eso sí, nunca te quedes en silencio. Acude a familiares, amigos, autoridades, medios de comunicación; lo que sea necesario para ayudarte a salir adelante cuándo esa pesadilla es provocada por otro ser humano o alguna circunstancia que escapa de tus manos.

Si un día despiertas de esa pesadilla y te das cuenta que ya acabó será el alivio más grande que hayas experimentado. No te quedes con los brazos cruzados, ayudate a que esto termine.

Y por el contrario si eres una de esas personas que solo vive para dañar a quién les coartó su fantasía de una «vida perfecta», ya dejate de rabietas estúpidas y dedicate a vivir tu vida dejando en paz a los demás. Sino busca ayuda profesional.

Recuerda siempre que si no quieres estar con alguien nadie debe tratar de imponerte lo contrario. Nadie tiene el derecho de forzarte a estar en una relación. Si tu no quieres formar ya parte de ella y deseas la separación está bien. Y si te quieren obligar a quedarte en una relación y no lo deseas, ya no es una relación, es una imposición, un secuestro, un atentado a tus derechos más fundamentales, ¡no lo permitas!

Disertando sobre la verdad

La verdad es tan impopular que se le prefiere disimulada,
acartonada y si es posible bien callada: muda.
No es muy apreciada por que no se sujeta a los caprichos.
Es la que es y será por muchos años que pasen.
Si quieres rezar para que ella cambie, mejor olvídalo.
Pero no te preocupes, si la verdad no es para ti, 
existen diversas sectas, fábulas y fantasías.
Solo escoge la que te haga más feliz y recuerda este consejo:
si alguna gente te dice que su fantasía es única y verdadera
no uses palabra majadera, ni discutas.
Recuerda que tu simplemente escogiste una diferente.

 

Ya no…

 

"Ya no tengo paciencia para ciertas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto en mi vida donde ya no quiero perder más tiempo con lo que me desagrada o me perjudica. No tengo paciencia para el cinismo, las críticas excesivas y exigencias de cualquier tipo. He perdido la voluntad de complacer a los que no me agradan, de amar a los que no me aman y de sonreír a los que no quieren sonreírme. Ya no gasto ni un solo minuto en los que mienten o quieren manipular. Decidí no lidiar más con la pretensión, la hipocresía, la deshonestidad y los elogios baratos. No tolero la erudición selectiva ni la arrogancia académica. No me adapto bien a los chismes populares. Odio los conflictos y las comparaciones. Yo creo en un mundo de opuestos y por eso evito a la gente con personalidad rígida e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con aquellos que no saben cómo dar un cumplido o dar unas palabras de aliento. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad para aceptar a los que no les gustan los animales. Y por encima de todo, no tengo paciencia para ninguna persona que no merezca mi paciencia."

José Micard Teixeira  

(Vía vinkalavikinga)

El mundo humano

Crecí creyendo que el mundo era lo más bello y perfecto que existía en el universo. Pronto aprendí que nuestro planeta solo es un conjunto de mundos; por una parte está el mundo animal, el vegetal, el mineral y el más interesante, aunque tal vez el más peligroso: el mundo humano. Su definición: destrucción.

Si quieres ver a alguien matando a sus padres, a sus hijos, a sus hermanos, a sus semejantes; solo tienes que voltear a ver a los humanos.

También si quieres ver a alguien destruyendo su propio entorno, la naturaleza y cualquier cosa que le rodea, no tienes más que ver a los humanos de nuevo.

El humano vive en sistemas que inventa y que, no importa si le asfixian, le quitan libertad, lo hacen incluso morir de hambre; es capáz de mantenerlos y hasta dar su vida por ellos para que se perpetúen a través del tiempo.

Delega sus responsabilidades a otros para ser gobernado por ellos, aún a sabiendas que no son los más sabios, que son ambiciosos, que son sus empleados y que le van a robar todo, hasta el pan de su boca, pero no es capaz de hacer nada.

He aprendido que el ser humano quiere tener fe en sí mismo, que quiere cambiar, pero que no puede, que el cambio le aterra y que antes que cambiar algo de lo que le molesta prefiere dejarse matar de a poco y perecer solo soñando.

Lo más triste es que los otros mundos se extinguen también de a poco, gracias al mundo humano. ¿Esto cambiará alguna vez?

 

Con melón o con sandía

Con melón o con sandía

Un hijo no es un arma para herir al otro. Un hijo no es una herramienta para lograr lo que uno quiere. Como padres tenemos el deber de madurar y aceptar nuestros fracasos o errores sin afectar a nuestros hijos.

Todas nuestras acciones tiene consecuencias.

Alguna vez en mi vida mi padre me quiso separar de mi madre. Me mintió, me quiso manipular, hizo todo lo posible por que no la quisiera y me alejara de ella.

“Soy pequeño pero me doy cuenta”

¿Cuál fue el resultado? Que yo no era ningún idiota y me dí cuenta de la realidad, sin que nadie me tuviera que decir nada. Me sentí usado, devaluado, yo era casi como un objeto que se utiliza para un fin. Después de una larga historia, siendo adolescente acabé por correr yo mismo a ese hombre de mi casa con lujo de machete y amenaza de muerte. ¡Y sí que lo queria muerto, bien muerto! Había nacido un odio en mi tan grande que era capaz de todo.

Hoy todavía, aún a muchos años de distancia y siendo adulto, siento ese odio. Poco a poco va siendo menor. Lo que siento y sienten muchas personas a lo largo del planeta, deja de manifiesto que el odio que puede generar un padre que manipula a sus hijos, puede durar hasta que estos son adultos.

El amor y cariño se ganan día con día, pero se pueden esfumar en un minuto, convirtiéndose en desprecio, odio o indiferencia.

¿Realmente quieres eso? ¿Quieres llegar a viejo y que tus hijos no te quieran ni ver? ¿Quieres arrepentirte de tus acciones por el resto de tus vidas? Si tu respuesta es no, entonces deja de utilizar a tus hijos en contra de tu ex. Ellos merecen tu amor, no que los utilices. Merecen tu apoyo, no que los engañes. Merecen tranquilidad y eso es lo que debes darles.

Si te separas de tu pareja por el motivo que sea, es algo que terminó entre ustedes y punto. No tiene por que afectar a tus hijos. Como decimos en México: «ten los huevos» para aceptar que así fue y continúa con tu vida. Tus hijos no deben pagar tus errores, tus complejos, frustraciones, ni tristezas.

«Es muy importante que los padres dejen de lado sus diferencias y pongan la armonía emocional de los hijos como su principal prioridad.»

Si ya te separaste o te vas a separar, no les mientas a tus hijos. Habla con ellos y di las cosas de manera tranquila, clara y sincera. Sin agregar hechos o cosas que no te constan, sobre entendidiste o imaginaste. Tus hijos deben saber la verdad y solo la verdad. Respétalos, ellos son menores, no tontos.

Déjales en claro cada vez que sea necesario que ellos no tienen la culpa de la separación y que tampoco pueden hacer nada para cambiarlo. Ayuda a que acepten la situación.

Ellos necesitan de estabilidad, seguridad y cariño. Por tanto recuérdales que esto no cambia lo que sientes por ellos ni tu trato hacia ellos.

Deben estar atentos a sus cambios de comportamiento; rabietas, trastornos del sueño, agresividad o tristeza. Esto puede indicar que la situación los ha afectado más de lo que debería y necesitan ayuda.

Deja que se expresen, que te digan lo que sienten, quieren y necesitan. Si no te tienen confianza, deja que hablen con algún otro familiar, amigo o profesional con quién tengan la confianza.

Manten su rutina diaria. No les cambies arbitrariamente sus actividades ya sean escolares o recreativas. Tampoco los fuerces. Dialoga con ellos.

Destaca las cosas positivas. Es importante que aunque no haya más amor entre tu ex y tú, vea que se respetan.

Nunca hay que hacer esto:

  • Castigarles a ellos por lo que sientes o pienas que ha hecho tu ex pareja. Sigue siendo su padre o madre y le necesitan.
  • Castigar a tu pareja a través de los hijos, por ejemplo no dejándoselos ver.
  • Hablar mal con o de tu ex frente a tus hijos.
  • Darles esperanzas si no existe posibilidad de reconciliación. Será como un nuevo divorcio cada vez que vean que no están juntos en casa.
  • Manipular a un hijo en contra del cónyuge o ex pareja.
  • Competir por el cariño de tus hijos. No es un concurso de popularidad.
  • Intentar compensarlos por lo que ocurre con cosas que normalmente no les darías.

Recuerda: Lo que un hijo piensa o necesita.

  • Si se van a separar, por favor digan la verdad y explicarme lo que pasa, soy pequeño pero me doy cuenta que algo ocurre y me pongo triste.
  • Yo los quiero a los dos y los necesito a los dos, no me impidas estar con uno o con otro.
  • No me hagas tomar partido. Es muy duro para mi tener que elegir entre los dos.
  • No me compres regalos para compensar que no estas conmigo, solo necesito que me quieras y me escuches.
  • Me hace daño que uno hable mal del otro, para mí son las dos personas más importantes de mi vida, necesito respetarlos y admirarlos.
Basado en el trabajo de Mar Sánchez Marchori, Pedagoga y directora de Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa y en mi propia experiencia.
Derecho a olvidar, pareja, amor

Derecho al olvido

Este texto no tiene nada que ver con el derecho al olvido que está promoviéndose para que Google o Bing eliminen los resultados solicitados.

A continuación un texto a escrito por una amiga, E. Alejandra Marbán.

Derecho a olvidar, pareja, amor

A partir de hoy tienes derecho al olvido.

A partir de hoy tienes derecho a olvidar mis besos, aquellos besos que te daba jugando. De aquellos besos que te pedía a media noche, de esos en los que se notaba que el amor había terminado entre los dos.

A partir de hoy tienes derecho a olvidar mi forma coqueta de caminar, la timidez de mis ojos, la fuerza de mis palabras, la astucia de mis manos, mi comida sin picante, mi arroz sin sal, el café de las noches, mis manías, mis virtudes y todo lo que yo era cuando estaba a tu lado.

A partir de hoy tienes derecho al olvido, tienes derecho a cerrar los ojos y no verme al despertar, tienes derecho a salir corriendo y no voltear atrás, a olvidar lo nuestro, a olvidar lo que sólo fue tuyo y mío.

A partir de hoy tienes derecho a quemar mis cartas y olvidar mis palabras.

A partir de hoy tienes derecho a tirar mi foto en tu cartera, cambiar tu teléfono y hacer nuevos planes: sonreír en las mañanas frente al espejo, cambiar de rutinas.

A partir de hoy tienes derecho a olvidar, cambiar nuestros discos, cambiar nuestra historia, cambiar de rumbo y empezar de nuevo.

A partir de hoy tienes derecho a olvidar y deseo que lo logres. Mientras tanto yo seguiré ahogada en tu recuerdo, en tu ausencia, en tu vacío; sin derecho de olvidar porque aún dueles.

El miedo

El miedo me dijo

El miedo

El miedo me ha visitado hoy. Osadamente me ha dicho que te puedo perder.
Involuntariamente he reído a carcajadas.
—¿Es que no me crees? —me preguntó. Si. De creerte te creo.
—¿Entonces por qué ríes?
—Por que yo ya no tenía esperanza. Después de tantas desventuras no esperaba nada.
Podría haberse quedado conmigo solo un día y con eso habría sido muy feliz.
Así que seguiré riendo cuando vengas ingenuamente a decirme eso.
Porque yo ya no veo el miedo. Cada día que pasa siento, veo y agradezco ese amor.